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"Gran amigo. Creador muy crítico y agudo.
Con una especial dedicación de oficio al diseño
aunque se manejaba en esa dualidad entre arte y diseño.
Con Oscar tuve la oportunidad de compartir
a mi llegada de Francia en el año 67 cuando formamos
parte del Taller Experimental de Arte que tenía
Víctor Valera. Allí participaron también,
entre otros, Víctor Hugo Irazábal, Elsa
Gramcko, Jaime Valencia, Wladimir Sabaleta y Andrés
Salazar.
El taller sirvió para despertar
entre los participantes tres campos de interés
distintos: el arte puro, con un sentido experimental;
el compromiso político a través del Partido
Comunista y el interés por el diseño gráfico.
Acabado el Taller Experimental creamos
entre Oscar, Víctor Hugo Irazábal y yo
el Taller Doce. Quedaba en el Centro de Caracas, en
el Teatro Capitolio, un cine de mala muerte donde transmitían
películas eróticas. El espacio era tan
pequeño que no cabían dos mesas de dibujo.
La dinámica de trabajo se estableció al
hacer al mismo tiempo diseño, política
y arte.
Cartel 3er. Festival de Teatro
de Provincia. Inciba-Fundateatro. 1978
Recuerdo una exposición de caricaturas
en la Galería Helena Pablo (del mismo dueño
del cine Capitolio) de Víctor Hugo llamada Humor
negro y humor vitrio donde Oscar y yo hicimos el montaje
y el afiche. Para hacer participar a la gente de la
calle se nos ocurrió ofrecer los servicios de
un quiromántico. El público debía
ir a buscar al fondo de la sala un cambur que servía
de trueque para que les leyeran las manos, así
obligaban a la gente a ver la muestra.
Luego, el Taller Doce se muda al Ateneo
de Caracas. En ese momento se juntan Marcos Vásquez
(hermano de Oscar) y Octavio Ruso. De allí recuerdo
la exposición Mamita tápame que tengo
frío. Fue una muestra de arte figurativo iconoclasta
y experimental donde se mezclaba lo surrealista y expresionista,
con un tono de humor negro y sarcasmo. Lo de Oscar era
una imagen de un tipo defecando. El Taller Doce duró
hasta que se tumbó el edificio viejo del Ateneo.
Oscar era asiduo visitante al taller de diseño
del Conac en las Mercedes. Allí me ayudó
técnicamente a resolver varios de mis carteles
dados sus conocimientos en moldes y vaciados y en su
curioso dominio del espacio tridimensional. Incluso
una vez sirvió de modelo para un cartel donde
una mano tiene un dedo-lápiz.
También compartimos un
viaje fuera de Venezuela, en 1978. Ambos participamos
en la exposición de la VII Bienal de Carteles
Varsovia y luego fuimos a París presionado por
mi."
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