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"Tuve la suerte de conocer a Oscar Vásquez
cuando trabajé en la Galería de Arte Nacional.
Allí conocí varios de los excelentes catálogos
que había diseñado para la institución
y, en diversas oportunidades, mientras estuve al frente
del Departamento de Publicaciones, tuvimos ocasión
de trabajar juntos. Pero sólo fue más
tarde, involucrados en proyectos exigentes que nos obligaban
a comunicarnos constantemente, cuando conocí
en verdad no sólo su gran profesionalismo como
diseñador, sino también su lado humano,
su generosidad, el compromiso que establecía
con el trabajo y con las personas, generalmente varias,
que conforman el equipo necesario para hacer un libro.
Una de las frases que le escuché en distintos
momentos y que siempre llamaba mi atención es
que decía "un libro es siempre un hijo bastardo.
En realidad nunca se termina de saber quién es
el padre". Cuidaba cada una de las fases por las
que atraviesa una publicación y era capaz de
adelantarse, como buen diseñador, a los posibles
problemas que puede enfrentar un libro en su proceso
editorial.
Otra característica resaltante en su trabajo
es que leía todos los libros que diseñaba.

Catálogo Margot Römer.
Centro Cultural Consolidado, 1988.
Esto puede parecer una tontería, pero no lo es
cuando sabemos que la mayoría de los diseñadores
no se pasean por la lectura de lo que están diseñando.
De allí que en muchos momentos lo vi llamando
a un autor para discutir aspectos que le parecía
que no estaban bien resueltos, lo que conllevaba también
a una irresolución en el diseño. Si tuviera
que decir algo sobre su trabajo y la manera como lo
hacía, me atrevería a pensar que conjugaba,
al mismo tiempo, las virtudes del arquitecto y del ingeniero.
Tenía gran creatividad pero, al mismo tiempo,
conocía exactamente qué cosas se podían
resolver y cómo, y cuáles iban a resultar
difíciles, por los materiales, por el proceso
de impresión, por el tipo de exigencia que presentarían.
Pero no puedo terminar esta pequeña nota sin
hablar del amigo. Oscar cultivaba la amistad como una
religión, estaba pendiente, con un sentido casi
paternal, de las personas a las que brindaba su amistad.
Quienes lo conocimos sabemos de su desprendimiento,
aderezado de fina ironía y de buen humor."
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