Oscar Rafael
Vásquez Moreno
1949 - 2002
 


Santiago Pol
Intereses compartidos

Víctor Hugo Irazábal: Amigo leal y consecuente

Alberto Márquez Un lector exigente y gente

Felipe Llerandi
Talento compañero

Luis Angel Duque Oscar el
impecable

Jaime Bello-León Creatividad y maestría

Carolina Arnal
Oficio de compromiso radical
       

 




"Tuve la suerte de conocer a Oscar Vásquez cuando trabajé en la Galería de Arte Nacional. Allí conocí varios de los excelentes catálogos que había diseñado para la institución y, en diversas oportunidades, mientras estuve al frente del Departamento de Publicaciones, tuvimos ocasión de trabajar juntos. Pero sólo fue más tarde, involucrados en proyectos exigentes que nos obligaban a comunicarnos constantemente, cuando conocí en verdad no sólo su gran profesionalismo como diseñador, sino también su lado humano, su generosidad, el compromiso que establecía con el trabajo y con las personas, generalmente varias, que conforman el equipo necesario para hacer un libro. Una de las frases que le escuché en distintos momentos y que siempre llamaba mi atención es que decía "un libro es siempre un hijo bastardo. En realidad nunca se termina de saber quién es el padre". Cuidaba cada una de las fases por las que atraviesa una publicación y era capaz de adelantarse, como buen diseñador, a los posibles problemas que puede enfrentar un libro en su proceso editorial.

Otra característica resaltante en su trabajo es que leía todos los libros que diseñaba.


Catálogo Margot Römer. Centro Cultural Consolidado, 1988.

Esto puede parecer una tontería, pero no lo es cuando sabemos que la mayoría de los diseñadores no se pasean por la lectura de lo que están diseñando. De allí que en muchos momentos lo vi llamando a un autor para discutir aspectos que le parecía que no estaban bien resueltos, lo que conllevaba también a una irresolución en el diseño. Si tuviera que decir algo sobre su trabajo y la manera como lo hacía, me atrevería a pensar que conjugaba, al mismo tiempo, las virtudes del arquitecto y del ingeniero. Tenía gran creatividad pero, al mismo tiempo, conocía exactamente qué cosas se podían resolver y cómo, y cuáles iban a resultar difíciles, por los materiales, por el proceso de impresión, por el tipo de exigencia que presentarían.

Pero no puedo terminar esta pequeña nota sin hablar del amigo. Oscar cultivaba la amistad como una religión, estaba pendiente, con un sentido casi paternal, de las personas a las que brindaba su amistad. Quienes lo conocimos sabemos de su desprendimiento, aderezado de fina ironía y de buen humor."

























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