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[ Sandra Pinardi ]
Doctora en Filosofía y Licenciada en LetrasProfesora del Departamento de Filosofía de las Universidades de Simón Bolívar y Andrés Bello de Venezuela

Foto
Gabriel Naranjo
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Venezuela en Leipzig:
algunos rasgos de la modernidad
Sandra Pinardi
La exposición Venezuela en Leipzig , presentada en la Sala Trasnocho Arte Contacto, bajo la curaduría de Carmen Alicia Di Pasquale y la museografía de José Luis Sánchez, aparece en el espacio cultural venezolano como un acontecimiento importante que nos permite -y nos solicita- reflexionar en torno a diversos aspectos relacionados con el contexto social y cultural en que la Venezuela contemporánea ha sido. A primera vista, esta exposición parece estar dedicada sólo a "recuperar" y ordenar la producción editorial que, desde 1971, ha sido premiada en las competencias internacionales del libro en Leipzig, sin embargo, es una muestra que excede sus operaciones de registro, poniendo ante la mirada algunas preguntas que rondan problemas concernientes a nuestra historia reciente, a los modos de apropiación de las "identidades" culturales, así como al lugar que ocupan los mecanismos de exhibición y producción de sentido del hacer museográfico.
La vocación inicial de la exposición es la de entretejer, para poder "preservarla" y donarla, una de las regiones más fecundas -y también más paradójica- de la historia de nuestra producción cultural contemporánea, aquella en la que se ubica el diseño y producción de libros. Este entretejido es "ejemplar" y se realiza a partir de aquellas obras, libros, que han recibido distinciones en las Exposiciones Internacionales de Leipzig, en un espacio internacional de confluencia de miradas y confrontaciones. En este sentido, un primer hecho reclama nuestra atención y tiene que ver con la enorme cantidad de reconocimientos que el trabajo de nuestros diseñadores ha cosechado en la escena internacional, lo que indudablemente nos habla de un hacer logrado y sostenido en el espacio de la visualidad y las formas. Un hacer del libro en sus formas, en su presencia, que de alguna manera contrasta -he ahí su condición paradójica- con una producción editorial bastante reducida -si la comparamos, por ejemplo, con otros países latinoamericanos-, que hace que no podamos considerar al "libro" como un producto cultural masivo en nuestro territorio. En efecto, las regiones de las que estamos hablando aquí, entonces, son las del diseño más que las del libro, a saber, de una vocación por la indagación y la exploración dedicada a las formulaciones visuales de presentación y/o representación, que se vincula de forma natural con el ámbito de las artes plásticas y la arquitectura. En este sentido, es pertinente destacar que estos tres ámbitos -el diseño, las artes plásticas y la arquitectura- conforman los lugares privilegiados en los que nuestra voluntad modernizadora no sólo se hizo presente en intentos sino que se consolidó en hechos.
La historia signada y preservada en esta exposición se hace cargo, entonces, de reconstruir los modos y los caminos en -y desde- los que el diseño gráfico ha "indagado" nuestro modo de hacernos y ser modernos, a explorado un aspecto de nuestra "identidad" revelándonos -y revelándose- tanto su complejidad como sus deudas. Nuestra identidad moderna es compleja porque está signada por una diversidad -de procedencias, de interpretaciones, de comprensiones- que se renueva constantemente, igualmente se adeuda a una multiplicidad concomitante de tradiciones que no se excluyen entre sí. En este sentido, Carmen Alicia Di Pasquale afirma, en el texto curatorial, que "El tratamiento de la nacionalidad venezolana en estos libros, revela un carácter plural y universalista, que incide sobre la efectividad de la difusión de los rasgos del país en otras culturas, ya sea dentro de la pluralidad de las culturas que conviven en el territorio venezolano, ya sea en las culturas más lejanas, las de otros países y continentes" (1). En otras palabras, el diseño gráfico se ha hecho cargo de comprendernos y reconocernos "modernamente", desde y en las formas y las presencias, a partir de "la visión reflexiva de un ir y un volver, de un dar y un tomar, de un donar y un obtener simultáneos" (2), que dan lugar a que nos tengamos que pensar, siempre a la vez, como particulares y como incorporados en el mundo. Esta visión reflexiva, que opera en una suerte de re-envío permanente, hace patente la condición "portuaria" de nuestra inscripción en el ámbito moderno. Por ello, esta historia es recuperada a través de unos "libros", que no se proponen como documentos o registros de alguna narración o interpretación, sino que se instalan como emblemas de esa específica vocación imaginal -formal- con la que ocupamos nuestra modernidad y nos ocupamos de ella.
Haciéndose eco de este espíritu esta muestra es, en sí misma, como concepción y "puesta en escena" un trabajo de diseño : impecable, claro, limpio, hermoso en sus disposiciones. Este trabajo de diseño es una labor consciente que la curadora anuncia en el texto, diciéndonos que Venezuela en Leipzig no sólo es una exposición de algunos libros emblemáticos, sino que se propone, además, reflexionar en torno a la manera de exhibir libros al igual que indaga sobre las formas de registrarlos técnica y visualmente.
En efecto, la muestra destaca por una "puesta en escena" que rememora -reitera- físicamente -en el modo como se sitúa en el espacio y a su vez sitúa el espacio en lo que éste presenta- el hacer propio del diseño. Por una parte, la instalación -vitrinas y paneles de vidrio-excede lo instalado en ella, obligando a un desplazamiento de la mirada que transita de los objetos exhibidos (libros) hacia el sustrato -traslúcido- en el que aparecen; opera allí una suerte de concreción de la mirada propia del diseñador que tiende a recuperar -a evidenciar- los soportes, los cimientos (formales y físicos) en los que algo se hace presente. Por la otra, esta instalación apuesta a la distancia, y se hace como distancia, se impone en la exhuberancia de la forma, enunciando con ello un ejercicio crítico -de establecimiento de límites y pertinencias- sobre la labor misma del diseño. A saber, estamos en presencia de esa "operación de abstracción" debido a la que las cosas se muestran como "ideación", poniendo en evidencia el ordenamiento ideal desde el que se hacen actuales. Por ello, quizás, por momentos los "libros" desaparecen convirtiéndose en trazos de color de un extenso mural, resolviéndose ellos mismos como "imágenes", re-presentaciones de una labor.
Especialmente importante es, en esta muestra, el trabajo de las "fichas técnicas", rigurosamente elaborado por la curadora, en el que acompañando los detalles materiales y técnicos de cada libro, aparece un comentario acerca de lo que hace de cada obra un trabajo ejemplar. La lectura del conjunto de estos comentarios -el modo discursivo de esta recuperación histórica- pone en primer plano el problema mismo de la "composición", como eje central de la labor de diseñar. Pareciera evidente que diseñar es componer, sin embargo, la apuesta de estos comentarios es acerca del componer propio del diseño, de su proceder. En este sentido, lo que indican estas notas es que esta composición particular es una que se realiza como el establecimiento de un "lugar" -tejido- de encuentro, mínimo y elemental, que de lugar a la co-presencia de contenido y contenedor, de presencia y re-presentación, de significado y significante; de lugar a su unidad, a su realización mutua.
Este trabajo de diseño y preservación histórica se da como una suerte de experiencia tipográfica, en la que al igual que la palabra se instala en la presencia de sus letras, estos libros emblemáticos se cobijan en su forma, allí donde la corporalidad -la cosa- pareciera retirarse a su instancia más limítrofe, más sutil, allí donde casi no es más.
(1) Carmen Alicia Di Pasquale. "1971-2005. La actualidad de algunas historias", en Venezuela en Leipzig . Sala Trasnocho Arte Contacto, Catálogo No. 20, Caracas, 2007, p. 22.
(2) Op. Cit ., p. 2
[ diciembre 2007 |